Shoji Kojima: ‘La fuerza interior del flamenco atrae a todo el mundo, no tiene fronteras’

ENTREVISTA

BAILAOR FLAMENCO

  •  Ensayos  Shoji Kojima, a las puertas del Gran Teatro. - Foto:TONI BLANCO
    Ensayos Shoji Kojima, a las puertas del Gran Teatro. – Foto:TONI BLANCO

CARMEN LOZANO 27/11/2013

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LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO TUKUSHIMA (JAPON), 1939.

TRAYECTORIA HA BAILADO ANTE REYES Y EMPERADORES, HA CREADO NUMEROSOS MONTAJES Y ENTRE SUS RECONOCIMIENTOS FIGURA LA ENCOMIENDA DE LA ORDEN DEL MERITO CIVIL (ESPAÑA) Y EL TITULO DE PERSONA DE MERITO CULTURAL EN JAPON.

Corrían los años sesenta. Shoji Kojima acababa de terminar la carrera musical en Japón y de quedar atrapado por la fuerza del flamenco. Con las reticencias familiares, se embarcó en 1966 desde Yokohama hasta el puerto soviético de Nakhodka, atravesó Siberia en ferrocarril y recuerda que hizo parada en numerosas capitales europeas hasta llegar a su destino, la Estación del Norte de Madrid. Casi cinco décadas después y con el reconocimiento de reyes, emperadores y grandes maestros del arte jondo, los cordobeses podrán ver por primera vez a este gitano japonés , como le llamó Farina, en el Gran Teatro de Córdoba el próximo viernes con Fatum , el último de los espectáculos programados con motivo del Concurso Nacional de Arte Flamenco.

–¿Qué fue lo que le atrajo del flamenco para lanzarse a la aventura española en aquellos años?

–España era muy diferente entonces. El motivo que me hizo embarcarme en esta aventura fueron Pilar López y Antonio Gades, a los que vi actuar en Japón con su grupo, que se llamaba Compañía de Danza Alegría, a finales de los cincuenta. Entonces yo ya aprendía música. La segunda vez que los vi decidí definitivamente dedicarme al flamenco, estudiarlo y conocerlo.

–Cuando llegó a España, ¿con qué se encontró, de quién aprendió?

–Cerca de la pensión donde me alojaba había un estudio de un maestro muy antiguo que se llamaba Paco Reyes. Después conocí a otros muchos flamencos en el local Amor de Dios. Allí aprendí lo fundamental y después vinieron muchos otros maestros.

–¿Sabía español?

–Un poco. Lo aprendí estudiando ópera y lírica. Más o menos dominaba el latín y el alemán. Cuando vi a Gades y a Pilar empecé a aprender español.

–¿Cómo lo recibieron en el mundo del flamenco? ¿no era usted un bicho raro?

–Un poco, sí. Pero hubo de todo. Muchos me llamaban chino y yo les decía que era japonés. Esas cosas pasan en todas partes. Luego empecé a conocer las cunas del flamenco. Viajé a Jerez, Sevilla… En los años setenta participé en un programa de televisión que dirigía José María Iñigo, Estudio Abierto se llamaba, y a partir de ahí me empezaron a conocer en Andalucía y comencé a actuar en locales, tablaos y festivales.

–Además de flamenco, también se impregnó de la cultura española. ¿Qué ha significado Lorca en su vida? ¿Cuándo supo de él y de sus versos?

–Al llegar a Madrid visité una Feria del Libro en el Retiro. Allí compré el tomo más grande de Lorca y poco a poco fui leyéndolo. Cuando regresé a Japón hice muchas obras sobre sus poemas, he visitado su pueblo de Granada. Me conmovió la historia de Lorca y su poesía.

–¿Qué es Fatum , el espectáculo que ofrecerá el viernes?

–Es una mezcla de piezas de ópera y de flamenco. Son casi dos horas de espectáculo. Esta coreografiado por Javier Latorre y la parte flamenca la ha compuesto mi guitarrista, Chicuelo.

–En este espectáculo trabaja de nuevo con Javier Latorre. ¿Cuando comienza esta fructífera relación?

–Hace cinco años. Desde entonces hemos hecho varios espectáculos juntos. Fue Chicuelo el que me dijo que podría enriquecer mis coreografías con su ayuda. Nos complementamos en el escenario y tengo mucho que agradecerle, y en el caso de este espectáculo, también a Francisco López.

–Ha vivido de cerca el resurgimiento del flamenco. ¿Se explica que haya estado tan desvalorado durante tantos años?

–Para mí siempre ha significado lo mismo, ha tenido el mismo valor. A mis 74 años aún sigo aprendiendo flamenco y me siento muy bien rodeado de la gente del flamenco. Estoy muy contento de trabajar rodeado de jóvenes artistas y de este mundillo ahora en Córdoba, en este teatro maravilloso.

–¿Le sorprendió el título que le otorgó la Unesco hace tres años?

–No. Considero que el flamenco es de aquí, de Andalucía, pero también está en mí y es algo del mundo.

–¿Cree que es un género más valorado fuera que dentro de España?

–Creo que sí. Esa fuerza interior del flamenco atrae a todo el mundo, llega a todos, es como el espíritu, no tiene fronteras.

–¿Existe alguna conexión entre la tradición cultural japonesa y el flamenco?

–Espiritualmente, sí.

–¿Qué le sigue sorprendiendo en la vida?

–Cada año me sorprendo menos, pero algunas veces me asusta la lección de humildad que nos da la naturaleza.

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