“Soy una flamenca abierta a todas las músicas”

Mayte Martín se recuesta lejos de los estereotipos de una cantaora flamenca, aunque consiguió con los años el favor de la crítica y de los aficionados al género. Es catalana, sus padres no fueron artistas, aprendió el cante escuchando los discos de la Niña de los Peines, se enamoró del bolero, el tango, las milongas de Atahualpa Yupanqui y ganó en 1986 la Lámpara Minera de la Unión, lo que sería el “título mundial” para los flamencos. Pero Mayte siempre fue una cantaora distinta. “Ser catalana me dio otro aire y una manera distinta de acercarme al flamenco. Lo mío no fue aprender en las fiestas ni por herencia familiar como muchos flamencos, sino que fue por la transmisión oral a través de los discos de la Niña de los Peines y todo lo que ella me provocaba desde muy niña. Escucharla me conmovía tanto que después quería saber de qué estaba hecho el flamenco”, recuerda la artista, que actuará esta noche en la sala Casacuberta del San Martín, como una de las figuras centrales de la Bienal de Flamenco.A la par que construía los cimientos de su cante jondo y perseguía ese sismo emocional que le partiera el alma -que con el tiempo la convertiría en una de las mejores voces de su generación-, por las venas de Mayte corría sangre de bolerista. Eso se tradujo en una discografía brillante, en la que alternó el repertorio flamenco y el bolerístico por igual en producciones como Muy frágil (1994); Free boleros, con Teté Montoliú (1996); Querencia (2000); Tiempo de amar (2002); De fuego y de agua (2008), con las hermanas Katia y Marielle Labèque; Al cantar a Manuel (2009), y Cosas de dos (2012), donde interpreta obras como “Piensa en mí”, “No sé tú” o “Piel canela”. “Paralelamente a mi historia como cantaora se desarrolló mi historia con el bolero -cuenta la artista-. Son como dos realidades mías, dos músicas que me interesan muchísimo. Es como tener dos amores, una me da la que la otra no. Y las dos me llevan a rincones distintos de mi expresión.”

Sus dos amores, el flamenco y el bolero, se cruzaron de manera tangencial en el disco Freeboleros (1996), donde Mayte Martín confirmó su inusual búsqueda artística conformando con el pianista Tete Montoliú un dúo memorable que conmovió al medio musical español. Para muchos, Freeboleros fue el antecesor natural del fenómeno que tiempo después despertó Lágrimas n egras, el disco del cantaor flamenco Diego El Cigala y el pianista cubano Bebo Valdés.

“Mucha gente me hizo ese comentario. Para mí son discos muy distintos, aunque la gente los relaciona. La mezcla en Freeboleros es muy sutil porque no me interesaba aflamencar los boleros, aunque esté ese olor a cantaora. Además, Freeboleros nació de la casualidad de un encuentro en un club donde yo cantaba boleros y conocí a Tete Montoliú. De esa casualidad hermosísima surgió primero el deseo de trabajar juntos y, después, el de grabar y salir de gira. Pero claro que no tuvo el suceso comercial que sí tuvo Lágrimas n egras. Nunca fue pensado para que fuera algo comercial. Las cosas que yo hago tienen el tinte de eso que llaman «música de culto» y que es horroroso porque nos mata de hambre”, dice y se ríe.

Mayte suena pausada, reflexiva, conversadora y hasta sobria en sus declaraciones. La intensidad la deja para el escenario y para esa media voz que, cuando se proyecta, es capaz de desarmar emocionalmente hasta al más duro y crítico de los flamencos. En su exquisita trayectoria compartió escenario con bailaoras como Belén Maya, cantó junto a orquestas sinfónicas y grabó un disco con el prestigioso dúo contemporáneo de las Hermanas Katia y Marielle Labèque, entre otras cosas que la ubicaron en un lugar de raro privilegio en el mundo flamenco. “Voy mirando siempre de frente un camino de libertad y de hacer lo que quiero Defiendo esa postura, aunque no sea la fácil”, sugiere por ese sitial de culto, que tiene entre la crítica y un público totalmente diferente que nada tiene que ver con el aficionado medio del flamenco.

Mayte se permite cambiar en cada disco gracias a sus dotes como compositora, o como recreadora del archivo sonoro del flamenco, que le permite saltar de palos arqueológicos del género a canciones con un perfume actual. “Cuando se tiene una inquietud como compositora, eso se aplica de manera sutil y cuidadosa al flamenco clásico. Hay un filtro tuyo por el que pasa ese repertorio que hace que suene distinto porque hay un ingrediente de creatividad. Pero cuando canto mis canciones, me ofrece otra libertad de expresarme y es cuando salen todas las «Maytes» que han bebido de la fuente del flamenco del bolero, del tango que adoro, de la música brasileña que me parece preciosísima. Se nota que soy cantaora, pero, también, que soy abierta a todas las músicas.”

Eso lo demuestra en su nuevo espectáculo, Por los muertos del cante , donde invoca a sus inspiradores musicales. “Este espectáculo es un homenaje a la herencia maravillosa del flamenco que me dieron Enrique Morente y la Niña de los Peines, pero también incluyo una milonga de Atahualpa. De chiquita escuché sus cosas y para mí tenía mucho en común con los sabios del flamenco y su fuerza espiritual.”ß

  • Mayte Martín
    Por los muertos del cante
    Teatro San Martín, Corrientes 1530. Hoy, a las 20.30. Gratis. Las entradas se retiran dos horas antes del inicio de la función.

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