La obligada dimensión universal del flamenco – La Voz de Rusia

Son tiempos revueltos, extraños, los que nos está tocando vivir. Una crisis sistémica, económica, cultural, moral y también artística que hace posible que una cafetería en un San Petersburgo invernal resulte un lugar tan bueno como cualquier otro para hablar de flamenco.

La industria musical en España no pasa por su mejor momento. La gente del flamenco ha encontrado una salida en una huida hacia adelante fuera de nuestras fronteras para sobrevivir y obtener su merecido reconocimiento. Una suerte de constante migración llamada a cambiar el rostro y la dimensión de este arte, así como el estilo de vida de los profesionales implicados en ella..

La conversación es animada y Manual Moraga, periodista de Radio Nacional de España y divulgador del mundo del flamenco, resume el problema de forma sencilla: “Hoy en día el mercado español no genera suficiente trabajo para mantener a todos los artistas que hay, mientras que en el extranjero hay multitud de ofertas. El flamenco continúa siendo un arte de minorías como en sus inicios en nuestro país y los artistas necesitan auditorios para exponer sus propuestas y para que tenga sentido su actividad. Está más que claro que su futuro pasa por otros países aunque sus raíces remitan a España”.

“Ahora disfrutamos de una generación joven extraordinaria, con gente de un talento y una proyección increíble, como Patricia Guerrero o Manuel Liñán, ubicados en un marco hostil para el desarrollo de su profesión en un país el nuestro que grava a las artes escénicas con un 21 % de IVA, que menosprecia y no respeta su propio legado cultural. En Rusia, curiosamente, las entradas para los teatros no están sujetas a impuestos, quizá porque aquí se entiende que la cultura es una necesidad básica. Las artes escénicas se convierten así en un bien de fácil acceso y estas florecen. Y claro, se llega al punto en el que organizar un festival, por ejemplo, aquí, en San Petersburgo, paradójicamente resulta menos arriesgado que en cualquier ciudad de España por la sencilla razón de que el teatro en Rusia se llena y en casa, no”, se lamenta Guiomar Fernández Troncoso, directora de ENDIRECTOFT, una de las empresas organizadores de este evento.

Según Manuel Moraga: “El flamenco en España está siguiendo una especie de proceso de vuelta a sus orígenes, convirtiéndose en una actividad casi artesanal, cuando los guitarristas producen y graban, muchas veces en condiciones caseras, encargándose después de su promoción; y los bailaores tienen que hipotecar sus casas para poder alquilar los teatros donde presentar sus espectáculos”.

“Los profesionales de este mundillo han visto como el estilo de vida nómada de siempre, ese vivir en la carretera, se ha acentuado. Un rosario de viajes, hoteles, aeropuertos… igual que hace cuarenta años, solo que ahora las distancias son mucho más grandes y las ausencias del hogar, mayores”.

“De esto se puede llegar a vivir bastante bien pero, en las condiciones actuales, eso requiere estar de viaje constantemente por el mundo. Yo por ejemplo, el lunes llego a Madrid y me marcho inmediatamente a Catar, y así todo el año. Hoy por hoy, no hay nadie en el mundo del flamenco que pueda vivir solo con sus actuaciones en España, donde, a lo sumo, se celebran tres o cuatro festivales de alto nivel al año y donde, evidentemente, nunca te van a poner en cartel dos veces seguidas por muy grande que seas”, añade el bailaor Manuel Liñán.

“En el plano personal resulta una vida complicada, sobre todo en el caso de tener una familia, por los largos periodos que se pasan fuera de casa. Es cierto que se llegan a establecer unas relaciones de amistad y camaradería bastante intensas pero fugaces, ya que se agotan con la gira. Después, comienza otro viaje, con otra gente totalmente diferente y todo vuelve a empezar. Y no es frecuente coincidir; con Manuel, por ejemplo, igual nos volvemos a ver dentro de un año, o dos. Siempre tienes la impresión de vivir pequeñas vidas de una semana… Y lo más llamativo es la sensación de vacío que se siente al abrir la puerta de casa al llegar a casa después de cada viaje”, reflexiona la joven bailaora Patricia Guerrero.

Todo esto tiene su lógica. En España, el flamenco siempre ha sido percibido injustamente como un elemento más del folclore, casero, de un valor muy por debajo de su auténtico mérito. Sin embargo en el extranjero, se percibe como un arte totalmente independiente con un gran valor e interés y eso, a pesar de que su difusión vino acompañada en sus inicios de los espectáculos para turistas, casposos clichés de ínfima calidad con castañuelas, toros y pasión…

Para Guiomar Fernández el futuro pasa por reforzar la imagen de calidad y, en este sentido, su implicación es total: “Nosotros trabajamos para conseguir que el flamenco se consolide como un arte reconocido e independiente. El flamenco ha evolucionado mucho con el tiempo, comenzó como un cante con guitarra en las reuniones familiares, con el baile como añadido emocional y estético, pero hoy ya se ha convertido eminentemente en una danza al mismo nivel que el ballet clásico, una danza muy alejada de la idea de baile de salón que uno se encuentra en cualquier club de aerobic. Al publico de los escenarios de todo el mundo le debe llegar ya esta imagen, esta realidad, pero para eso es necesario, claro está, realizar una ingente labor didáctica, de años de paciencia y goteo de información; de seminarios y conferencias. Tenemos que hacer todo lo posible para mantener todo nuestro legado lejos de la cultura de la fiesta y el tablao que tanto lo han desvirtuado”.

El problema es que la demanda internacional de flamenco crece exponencialmente. Según la propietaria de la academia de baile flamenco de San Petersburgo, El Dorad@, Marina Korobko, el interés durante los últimos años se ha multiplicado exponencialmente. Si hace tres años en la segunda capital de Rusia solo había dos academias de baile flamenco, hoy hay ya veinte.

“Para conseguir hacer llegar una idea real fuera de España de este arte hay que presentar lo mejor de lo mejor, artistas con la entidad suficiente que consigan modelar el gusto del público y vacunarlo contra la falsificaciones de dudosa calidad a las que se ven expuestos debido a la enorme demanda de profesionales de la actualidad. Además, no conviene olvidar que en San Petersburgo se está ante de un público acostumbrado a espectáculos escénicos de altísimo nivel, por lo que, trayendo medianías, simplemente, te expones a hacer el ridículo”, amplía la cuestión Manuel Moraga.

“En cualquier caso, la experiencia en Rusia ha sido altamente satisfactoria y repetiremos. Eso sí, un festival así no se puede poner en marcha en un lugar como este sin la ayuda de productores asociados, gente estupenda que nos han solucionado los problemas burocráticos y de conocimiento del terreno. Nosotros conocemos el mundo del flamenco, pero no conocemos al público, ni la peculiaridades del terreno. Ellos sí, y han tomado decisiones tan acertadas como la de situar a los estudiantes de baile flamenco en las primeras filas del teatro para que jaleen con sus gritos de ánimo a los artistas. Nosotros nunca lo hubiésemos pensado. El público ruso es respetuoso, cariñoso y muy cálido, pero no tiene el fuego ni el temperamento del público flamenco”, concluye Guiomar Fernández.

jg/kg/sm

Nota: Las opiniones expresadas por el autor no necesariamente coinciden con los puntos de vista de la redacción de La Voz de Rusia.
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