Las distintas caras de lo flamenco – Guadaque

Propuesta sobria y austera de “La casa de Bernarda Alba” la que presentaba el ballet de Antonio Gades en el Teatro Buero Vallejo de Guadalajara. Qué distinta la primera parte (ronda) de la segunda (suite) todo color, alegría, flamenco y ya… interesante contraste que muestra algunas de las múltiples caras de un baile profundo y camaleónico como es el flamenco.
En la primera mitad del espectáculo, la ronda, las bailarinas (vestidas de profundo negro) iban dando vida a los versos de Lorca, al silencio, siendo lo más llamativo de la banda sonora la cadencia del zapateado y el rasgueo de una guitarra.

Seis mujeres son las protagonistas de esta reinterpretación de la obra dramática, donde la interpretación sustituye el verbo por la expresión corporal y la cadencia de los tacones contra la madera. Comenzaba con una gran sobriedad, silencio y un ritmo medido como con un compás cardíaco.

Se presentan los personajes, la dura madre, una Mayte Chico que logra inquietar, y unas hijas que obedecen a su progenitora, casi sin rechistar. Se dibuja la situación y todo se construye para transmitir la sensación de opresión en que viven las protagonistas.

La poesía -recitada en off por Carmen Sánchez con intensidad- se usa para definir algunos personajes, que adquieren protagonismo en sus marcos iluminados, mientras el resto de la escena permanece oscura. La música de los guitarristas Antonio Solera y Camarón de Pitita, y el cantaor Alfredo Tejada acompañan y van de la mano del baile que relata la historia verso a verso.

Y entonces, la sobriedad da paso a la pasión contenida y el deseo de la hija menor, una expresiva Ana del Rey. Deseo que debe permanecer atrapado y no mostrarse, salvo en la libertad de la noche. Muy flamenco, dolido, sostenido. Muy destacable la escena de la discusión de las hermanas -María Nadal, María José López, Silvia Vidal y Virginia Guiñales-, con un ritmo y emotividad in crescendo. Ponía fin al rango, primera escena, que el público valoró con un prolongado aplauso.

Tras el intermedio, comenzaba la suite flamenca, todo lo contrario de la sobriedad inicial, todo alegría, color, que saludaba con una bulería de toda la Compañía Antonio Gades. Le seguían martinete, tientos, soleá del Güito, tanguillo, seguiriya, rumba… Cambio total de escenario, de concepto.

Los hombres adquirían aquí más protagonismo, reseñable actuación de Miguel Ángel Rojas, Elías Morales, Miguel Lara, Isaac de los Reyes y Jacob Guerrero. En esta parte, en el cante, se unía Joni Cortés y a las bailarinas, Stella Arauzo.

Merecen mención la iluminación, diseñada y usada con mucha elegancia y sentido de la estética; así como el vestuario, cuidado y precioso. Sin olvidar el cuadro flamenco final, sensacional. Una lección flamenca que sólo pedía disfrute. Lo que hizo el público que ocupaba tres cuartas partes del patio de butacas del Teatro Buero Vallejo y lo demostró con sus reiterados aplausos.

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