Un fenómeno sobrenatural conquista La Corte: La Cañeta de Málaga

Ninguna de las previsiones metereológicas fue capaz de vaticinar la tormenta huracanada que pasó ayer por la capital, más focalizada en el Círculo Flamenco de Madrid. Y es que lo de María Teresa Sánchez Campos, “La Cañeta de Málaga”, roza lo inhumano, lo extraterrestre y lo divino. A sus 77 años su energía parece ilimitada, su imaginación desbordante y su flamencura excelsa. Además su voz, como los buenos vinos, mejora con los años, dejando un aroma flamenquísimo en el paladar del que saborea su cante. Hace unos meses, durante la entrevista que le realicé, me comentaba que tenía muchísimas ganas de pisar las tablas madrileñas, y ayer lo corroboró con creces. No se ahorró nada, fue generosa en cuanto a cantidad, y más aun en cuanto a calidad, que al final es lo que prima.

Teresa estuvo bien acompañada en el escenario por el tocaor Antonio Soto y el compás del Kiko, José Salazar y su hija Loli. El recital de La Cañeta fue una exaltación del compás y la personalidad cantaora, una personalidad que escasea a día de hoy, y que en la malagueña surge de forma espontánea, sin proponérselo. De esta forma, unas jondísimas bulerías por soleá dieron paso a unos tientos bien mecidos. “Voy a hacer unos fandangos, ¿los hago por Huelva o naturales?” El público los quería naturales, y La Cañeta replicó: “id preparándome la cama en el Carlos Haya”, metáfora que sólo un malagueño podría entender, y que después de dejarse la piel en cada tercio fue fácil suponer que aludía a un hospital. Aires de la Calzá y un estremecedor cante de Pepe Aznalcollar arrancaron los aplausos de los aficionaos. Siguió por tarantas estampando su sello también en los cantes de levante. Extraordinario.

Fotos: Antonio Soto y Kiko

Cerró su primera parte del recital con una fiesta por bulerías de otro mundo. Soberbia en el andar, y bailando como si no hubiera un mañana conquistó La Corte a base de naturalidad y duende. Lo que muchos no sabían es que aun quedaba más.

Con sones gaditanos abrió la segunda parte del recital: alegrías o “cantiñas como dicen ahora” exclamó. Llegó el momento cumbre de la noche con los cantes heredados por su madre La Pirula, donde Teresa se maneja como nadie aportando su fortísima personalidad, esa que le lleva a jugar con los tercios, alargando y acortando a su antojo, pero siendo precisa siempre. Los tangos de La Piruja dieron paso a los del Piyayo y éste al garrotín.

Como no podía ser de otra forma invitó a su querido amigo Cancanilla a subir al escenario. A Sebastián le faltó tiempo para seguir poniendo Las Tablas patas arriba con sus cantecitos y pataítas por bulerías, antes dijo: “Cañeta para mí, y para el que sepa un poquito de esto, es la mejor artista de España, y no volverá a nacer otra”. José Salazar, marido de La Cañeta y gran cantaor, también  quiso dejar una pincelada de su arte a pesar de tener la voz impedida. “Sin instrumento” como el mismo dijo, apuntó una taranta por bulería que dio paso al María de las Mercedes. El colofón lo puso la propia Cañeta sin salir del compás iniciado por Canca, llegando a la apoteosis del recital. Finalmente la tormenta pasó, pero dejó unas gratas secuelas a su paso.

Fotos: José Salazar y Cancanilla de Málaga

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