El flamenco Greco

El flamenco se hizo Greco en la actuación de Rocío Márquez y Pepe Habichuela

 

Éxito del concierto de flamenco «Madera y metal» en San Pedro Mártir

Claustro Renacentista de San Pedro Mártir, Toledo. El Greco alarga su espíritu manierista por encima de los tiempos para acompañar el compás flamenco de una chica, ¡pero qué grande!, y de un grande, ¡pero qué bueno! Rocío Márquez y Pepe Habichuela arrancaron ¡bravos! y ¡olés! bajo la luz de los cielos sin tormenta de Toledo. «Rocío Márquez, veintiocho años, ¡tan joven, pero tan vieja en los cantes!», dijo el Habichuela. La verdad no necesita más retórica. La verdad artística que encierra el primitivo canto andaluz, el «cante jondo», se hizo presente por «malagueñas con abandolaos», cantos de ida y vuelta, tangos, cantes de Levante, soleás, seguiriyas, cantiñas o fandangos; cantes antiguos, de tradición bien estudiada; se fueron sucediendo un palo y otro palo, ¡y no se movía el aire!, y solo los ¡bravo! y las palmas echando humo elevaban la gracia del alma musical del pueblo, como el ángel asciende el alma del señor de Orgaz en el cuadro del Greco.

Música del Centenario. Concierto de flamenco. Madera y metal. Rocío Márquez y José Antonio Carmona Carmona, uno de los Habichuelas. Quien dijo aquello de que el cante flamenco «es tan solo un balbuceo, es una emisión más alta o más baja de la voz, es una maravillosa ondulación bucal, que rompe las celdas sonoras de nuestra escala atemperada, que no cabe en el pentagrama rígido y frío, y se abre en mil pétalos de flores herméticas en los semitonos», si no escuchó a esta pareja, pareciera que profetizaba sobre ella. El cante de Rocío Márquez ¿cómo definirlo? Hay que echar mano de la metáfora, y ella, que tanto lo ha estudiado y tan depurada técnica posee sobre el compás y el ritmo, sabrá entender algo si digo que se acerca al trino del pájaro, al canto del gallo y las músicas naturales del bosque y de la fuente. El flamenco se hizo Greco. La noche fue de aúpa, de más a mejor, hasta romper el himen del mundo, cuando Rocío Márquez se adelantó al micrófono y a viva voz gritó a las estrellas o besó las limpias losas del patio. No hay en su cante término medio, como no tiene «medio tono» el sentimiento. Y Habichuela con la guitarra, otro maestro del que hay que decir cuál es su maestría inigualable, la de marcar el ritmo y «seguir» a la cantaora, la de ser fondo para la voz y estar supeditando su toque siempre a quien canta. Eso es la guitarra en el flamenco y Pepe Habichuela, la luz que ilumina y el espejo en que mirarse. La guitarra construye el cante jondo. Por eso, no extraña que Rocío Márquez quiera trabajar con Habichuela; con él solo va a crecer.

Voz y guitarra, Rocío Márquez y Pepe Habichuela, con su arte celebraron un solemne rito, sacaron las viejas esencias dormidas del pueblo y las lanzaron al viento envueltas en la voz humana y en la voz de la guitarra. Fue una noche de luces en el patio renacentista de San Pedro Mártir, en Toledo. El Greco, que ya es «jondo» en sus cuadros, aplaudió a rabiar la gracia y solera del cante. Todos le seguimos con la euforia en las manos y la emoción en la garganta. La Fundación El Greco2014 puede apuntarse otro acierto.

Source: www.abc.es

Advertisements