El Niño de Elche

Cante Tóxico nº2

Otra melosa noche de verano en la campiña, otra ocasión en la que el Ateneo Ecijano abre sus puertas tanto a curiosos como a habituales. En este caso, los que se dejan caer por el número 47 de la Calle de la Victoria son el combo Los Flamencos, que siguen paseando con ejemplar determinación su Cante Tóxico nº2 por la geografía española. Autodenominados como “grupo punk”, aglutinan la creatividad sin cortapisas del Niño de Elche, los dardos certeros del poeta Antonio Orihuela y la médula audiovisual de Isaías Griñolo. En palabras del propio colectivo, lo suyo es una “máquina de trovar”, de absorber y procesar realidades, la consecuencia inevitable del arte verdaderamente pegado a la vida, plenamente inmerso en sus infinitas convoluciones y revoluciones.

Auténticos francotiradores del aquí y el ahora, su insistencia en lo concreto y sus ramificaciones da sentido a la elección del infame Villar Mir (vicepresidente del franquismo más tardío y actual poseedor de uno de los mayores consorcios empresariales del país – OHL) como paradigma a través del cual explorar el impulso depredador de las élites de la España contemporánea y su impacto sobre el tejido social, económico y ecológico.

Ante todo, El Cante Tóxico nº2 es un “cristal de mirar”, un vibrante marco crítico que navega por múltiples intersecciones de nuestros días, mostrando un espeluznante mosaico de la miseria, pero también ofreciendo una singular cartografía de aquellos segundos chispeantes en los que se desafían y superan las lógicas establecidas, en los que brotan de entre los escombros momentos de extrema dignidad y extraordinaria belleza.

Ambicioso manejo, valiente cruce de lenguajes (poesía de la real-conciencia y Flamenco re-significado, entregado a nuevas combinatorias), el Cante Tóxico nº2 y aquellos que lo pilotan no entienden de constricciones, tabúes ni sacralismos. Sólo así es posible que El Niño, con inmensa pegada, cante a las balsas de fosfoyesos y a las plantas petroquímicas de Huelva (tierra de la que Orihuela y Griñolo son oriundos y a la que aun no les ha sido posible llevar el espectáculo por razones que a ninguno se nos escapan) o al funcionario del Estado que, sin pensárselo dos veces, azota a las masas con su porra.

Mientras los demás oímos absortos las categorías de discurso empleadas por la izquierda en los foros públicos para describir estos procesos (“transición como transacción”, “cultura del consenso”, etc.) y seguimos preguntándonos como atar los cabos en nuestra propia producción personal, Los Flamencos ponen en juego una auténtica práctica de lo subversivo, donde la estética no puede separarse de la problemática, donde no queda hueco para el mero asentimiento.

Frente a las entelequias lastradas por los tópicos y la institucionalización, un sustrato mutable y abierto. Ante las imposiciones del mercantilismo y los ademanes autocomplacientes de la exportación cultural, el gesto adusto, minimalista del Niño de Elche, músico rebosante de autenticidad al que estoy deseando cazar en sus correrías más experimentales.

Extraordinariamente corrosivo para con los poderosos y sus múltiples estructuras y canales de dominación, el Cante Tóxico nº2 supone una bocanada de un aire lo suficientemente fresco y necesario como para que el olvido no haga presa de nosotros.

Francisco Javier González

Source: facmagazine.es

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