Bienal de Sevilla

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“No me obsesiona la taquilla, sino que quienes vengan a la Bienal disfruten”

El gestor cultural inicia mañana su primera edición al frente del festival jondo, que ofrecerá hasta el 5 de octubre más de 150 propuestas en diferentes enclaves de la ciudad.
CHARO RAMOS SEVILLA | ACTUALIZADO 11.09.2014 – 07:19
0001667533_335x335_jpg000Cristóbal Ortega en su despacho de la Bienal de Flamenco en el convento de Santa Clara.

Cristóbal Ortega (Valdepeñas de Jaén, 1974) es el director más joven en la historia de la Bienal de Flamenco de Sevilla y ha hecho de la ilusión la bandera de su proyecto. Historiador y máster en Gestión Cultural por el Instituto Complutense de Ciencias Musicales, su trayectoria profesional arrancó en Granada -en cuya Universidad se licenció- con la empresa Munster Tourin, organizadora del Espárrago Rock. Allí también se vinculó a dos de las mayores estrellas del panorama flamenco: Enrique Morente y Eva Yerbabuena. Con la bailaora estableció a partir de 2003 una intensa alianza profesional como gerente y responsable de giras de su compañía que le llevó por los principales festivales escénicos del mundo y acabó acercándole a la capital andaluza, donde la granadina estableció su estudio. Al poco tiempo de organizar con el Ayuntamiento de Sevilla el espectáculo coreografiado por Yerbabuena para la exposición Santas de Zurbarán, su nombre saltó a los medios como sucesor de Rosalía Gómez al frente del festival que arranca mañana. Hasta el 5 de octubre, entre la programación oficial, las actividades paralelas y de calle, así como la Bienal off, más de 150 propuestas convertirán la ciudad en el mayor escaparate mundial del arte jondo.

-¿Queda algo por contar de esta Bienal que no deja de acaparar titulares y entradillas en los medios desde hace meses?

-Por el impacto económico que la Bienal tiene en todos los sectores económicos y culturales de Sevilla queríamos ilusionar a la gente que nos visita de fuera con mucha antelación. Y esa es la verdadera noticia: que hemos calendarizado la Bienal para que estuviera viva no ya 15 días antes de su inauguración sino desde diciembre de 2013, cuando presentamos el cartel anunciador de Rafael Canogar, a lo que siguió el 8 de enero el avance de programación de una veintena de espectáculos, que hizo que la gente empezara a soñar con el festival. Ese efecto de ilusión se incrementó cuando presentamos programación en el marco de Fitur y sobre todo cuando el 8 de abril se dio a conocer la oferta definitiva de espectáculos, lo que sin duda ha ayudado a que vaya bien la venta de entradas. En mayo emprendimos una gira por España en la que creamos sinergias con otros festivales de artes escénicas, algo que no se había hecho nunca, porque le da un peso específico a la Bienal el presentarla en Granada de la mano de su prestigioso Festival Internacional de Música y Danza, en Barcelona con el Mercat de les Flors, haciendo coincidir el acto con su festival flamenco, o en Bilbao apoyándonos en instituciones privadas que, como la BBK, tienen un festival flamenco de referencia. También hemos presentando la Bienal en París y Viena y en diciembre estuvimos en la Bienal de Flamenco de Buenos Aires. Se ha cambiado la estrategia: en julio presentamos espectáculos, en agosto las actividades paralelas… Pero lo que queda ahora es lo principal, el disfrute que vamos a tener todos con esta programación durante 24 días consecutivos.

-Trabajó con Enrique Morente en el Espárrago Rock y fue testigo de primera mano de su capacidad para atraer nuevos públicos al flamenco. ¿Qué destaca del homenaje con el que se abre mañana la Bienal en el Teatro de la Maestranza, una de sus dos producciones propias junto a la gala de clausura?

-Enrique Morente tenía que estar presente en esta Bienal pero no como un homenaje póstumo sino como un tributo a su música, que ha sido de una influencia total en lo contemporáneo y lo clásico. Su disco Omega es un hito como lo fue La leyenda del tiempo de Camarón. Pero yo soy partidario de que el disfrute sea con el propio artista, en vivo, y por eso tengo también tantas ilusiones puestas en el homenaje a Juan Peña El Lebrijano que clausurará esta XVIII Bienal, porque sé que el público va a disfrutarlo a lo grande, pero sobre todo disfrutará él.

-La cita está dedicada a la memoria de Paco de Lucía, un maestro que siempre mantuvo una relación estrecha con la Bienal, donde actuó por última vez en 2010.

-Cada palmero o primera figura que participe en esta edición se acordará inevitablemente de Paco de Lucía cuando suba al escenario. Pero desde la Bienal, que lleva por título Fuente y caudal como su obra canónica, hemos optado por homenajearle contribuyendo a difundir su trayectoria profesional y personal. Para ello ha sido esencial la colaboración con su biógrafo, Juan José Téllez, comisario de la exposición sobre su vida y obra que puede verse en el convento de Santa Clara y también coordinador del simposio que celebraremos en Fibes del 22 al 26 de este mes en colaboración con el Centro de Estudios Andaluces, la Diputación de Cádiz, el Ayuntamiento de Algeciras y la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), que será la que publique todas las aportaciones científicas de ese foro.

-¿Qué hace que la Bienal sea única en un contexto internacional donde, desde Tokio a Buenos Aires pasando por París, otros festivales y programaciones teatrales pisan fuerte y tienen, en ocasiones, presupuestos más abultados?

-La Bienal es por su historia, por donde se ubica y por el proyecto de ciudad que quiere construir el festival jondo más importante del mundo. Cada festival tiene su idiosincrasia: en Jerez son sus cursillistas, en La Unión su concurso, en Mont-de-Marsan el espacio donde se desarrolla, en Córdoba su dedicación especial a la guitarra… En Sevilla la idiosincrasia es la propia Bienal, un proyecto verdaderamente original desde que se creara hace 36 años y que ofrece a los artistas y compañías un escaparate como no hay otro. Precisamente por ello hemos organizado junto con Extenda (la Agencia Andaluza de Promoción Exterior) el I Encuentro Internacional de Flamenco, que se inaugura hoy en la sede de Extenda, y al que acudirán 25 programadores internacionales procedentes de Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Asia y Latinoamérica que tendrán atención preferente. La idea es que de la Bienal, al cielo; es decir, que los espectáculos que se estrenen en la Bienal no se queden aquí sino que entren en gira, pero eso no es labor sólo nuestra sino de los gestores de las compañías. Porque la Bienal la hacemos todos.

-A diferencia de otros festivales como La Unión, donde ganar la Lámpara Minera suele catapultar la carrera de un cantaor, como ha ocurrido recientemente con David Lagos [felizmente incorporado al cartel de esta Bienal], las categorías de los Giraldillos parecen reinventarse edición tras edición y no tienen un efecto tan inmediato. ¿Qué planes tiene en relación a estos galardones?

-Vamos a redefinir los Giraldillos. No es necesario dar 14 ó 15 premios porque no son ni los Max ni los Goya. Estoy valorando junto al consejo asesor cómo darle una vuelta a este tema y, personalmente, creo que deben entregarse en el plazo máximo de un mes en un espacio singular.

-Desde que tomara posesión del cargo siempre ha insistido en que concede la mayor importancia al consejo asesor de la Bienal. ¿Quiénes integran este órgano renovado y qué papel cumplen en su estrategia?

-Quise que hubiera una representación de los principales sectores económicos que intervienen en la Bienal y su labor ha sido esencial en este giro que hemos dado a la estructura del festival, potenciando su gestión, calendarizando y buscando nuevos acuerdos con el sector privado. En el apartado general del consejo figuran conmigo dos ex directores de la Bienal (Domingo González y Manuel Herrera) y dos periodistas y críticos de flamenco (Alberto García Reyes y Manuel Curao), así como representantes de la Universidad, el turismo y la mercadotecnia (Rafael Infante, Manuel Macías, Fernando Ocaña Garcilaso de la Vega). Además el consejo cuenta con un apartado institucional que componen María del Mar Sánchez Estrella (delegada municipal de Cultura), Antonio Garde (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música), Francisco Javier León Viana (Diputación de Sevilla) y la directora del Instituto Andaluz del Flamenco, Ángeles Carrasco, por la Junta de Andalucía.

-Inaugura la Bienal con casi una decena de espectáculos que han agotado las entradas. ¿No se planteó ofrecer dos funciones de los de mayor tirón, como el que ofrecerá Israel Galván este domingo en el Lope de Vega?

-No, y precisamente fue Israel quien eligió el Lope porque decía que veía allí Flacomen y no en otro espacio de mayor aforo. Siempre hemos intentado buscar las sinergias entre el artista y la Bienal, pese a que ha sido muy complicado realizar la selección final porque hemos recibido más de 200 proyectos. No me obsesiona la taquilla sino que el público que venga a Sevilla por la Bienal pueda gozar de una experiencia completísima y personal desde mediodía hasta la madrugada. Para ello hemos marcado tres espacios que concentran la programación oficial en la hora de máxima audiencia, entre las 20 y 21:00 (el Lope de Vega, el Alcázar y el Maestranza), dedicando las noches a los jóvenes y las nuevas tendencias en el Teatro Central, y a los territorios flamencos en el Hotel Triana. Y si el Alcázar aporta un marco sensorial perfecto, lo mismo puede decirse del convento de Santa Clara, que fue un éxito en su debut como sede en la anterior Bienal y volverá a ser uno de los focos principales de arte, tanto en su claustro como en el dormitorio alto.

-Debuta como sede de la Bienal el palacio de San Telmo, en cuya capilla se ofrecerá el programa Flamenco Sacro que unirá desde este domingo (también los dos siguientes) al cantaor José de la Tomasa con el guitarrista Manolo Franco y los solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla. Otro cartel que ha agotado las entradas para sus tres pases.

-Yo tengo una cosa muy clara. El flamenco es algo tan original que cualquier espectáculo que tú presencies desde el patio de butacas te hará sentir algo, dependiendo de tu estado anímico, y te llevará a los territorios interiores a los que quieras ir. Esta Bienal ofrece experiencias, como este programa Flamenco Sacro, que resultan atractivas para públicos muy diversos. Porque te puede gustar lo flamenco, o la música antigua, pero estar a mediodía en esa capilla de San Telmo es algo sublime, como lo es escuchar a Tomatito, Esperanza Fernández o Marina Heredia en el Alcázar. Queremos buscar puntos de encuentro, maridajes. Por ejemplo, entre el flamenco y los vinos, como Flamenco&Sherry Experience, el ciclo del refectorio de Santa Clara donde los vinos cantarán y el flamenco se beberá. Queremos crear sensaciones.

-¿Qué ha aprendido un gestor cultural curtido en el sector privado al frente de una maquinaria como la Bienal?

-Que la Bienal siempre será positiva para la ciudad porque el impacto económico de toda la gente de fuera que nos visita es impresionante. Todos los sectores culturales y económicos resultan beneficiados en los 24 días que dura la Bienal, aumenta la capacidad hotelera y la restauración en todos los establecimientos de Sevilla. Y culturalmente no hay una plataforma como ésta para ver la evolución del arte jondo y darle el protagonismo a los artistas, con cuya imagen se ha vestido la ciudad en una campaña que iniciamos en agosto. Por supuesto, cuando inicias un proyecto cultural siempre lo ves a largo plazo y yo no puedo dejar de pensar en la edición de 2016 pero las circunstancias son las que son y el año que viene hay elecciones. Confío en hacer una buena Bienal y en que la disfrutemos mucho, ésa es mi mayor responsabilidad.

Source: www.diariodesevilla.es

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