‘Pinacendá’

Bienal de Flamenco de Sevilla. Farruquito, ‘Pinacendá’

“El bailaor volvió a casa” por globalflamenco

La lió. Farruquito armó la marimorena. Hasta tres veces puso en pie al Teatro de la Maestranza, que cayó rendido ante el bailaor. Y resaltamos la palabra, bailaor, pues fue lo que puso de manifiesto en esta propuesta. Lejos quedaron las complicaciones escénicas y narrativas de ‘Sonerías’, estrenado sobre esta misma tabla en la Bienal de 2010.

‘Pinacendá’ es, simplemente, un hilo conductor que le permite exponerse en varias tesituras bailaoras. Porque el título quiere decir Andalucía en caló. Y lo que hace es recorrerla a propósito del carácter flamenco de cada territorio. Sólo eso. Todo eso. Aunque no es un viaje de contemplación, sino de acción. El bailaor bulle, ruge, vuela. Abrasa Córdoba por seguiriyas y soleares. Cuerpo a cuerpo con cada quejío -Fabiola Pérez, Mari Vizárraga, Zambullo, David de Jacoba-, con cada instrumento -las guitarras de Román Vicenti y Carlos de Jacoba, la flauta de Juan Parrilla, el violín de Thomas Potiron, la percusión de Piraña-. Los escucha uno por uno, espera… y dispara a bocajarro. Porque no sabemos qué pasa en esas contenciones suyas, en esas tensas esperas cargadas de intención. Lo mismo duran un instante, pero parecen una eternidad. Exclusiva suya es el arte de amagar. Después tiró para Huelva. Los sentó a todos alrededor de la mesa. A él le sirvió de tablao.

Allí arriba, con el sitio justo, al son del fandango, se buscó… y se encontró. La taranta de Linares y el taranto de Almería dieron sitio al cante y la guitarra, y sirvieron para enmarcar otra de las paradas clave del periplo: Granada. Farruquito se dejó mecer por el vaivén de los tangos. Y bailó suelto, explosivo, gozoso… y, como siempre, apabullantemente preciso.

Las pinceladas de arte las pusieron su tía, Pilar la Faraona, meneando canasto y redondeces con suma picardía; y Mari Vizárraga, entremetiendo en sus bocanadas cantaoras ‘La Estrella’ para honrar a Morente. Y en Cádiz, obvio, las alegrías. Las bailó felinas y resabiadas. No sé sabe de cuántas maneras se recorrió los muchos metros cuadrados de la tabla. Ni qué velocidad de crucero pudo alcanzar. Al filo del guiño a Jerez, el público entró en éxtasis. Lo dejó listo para la apoteosis final, el ‘Romance a Sevilla’ por bulerías. Y Farruquito volvió a casa.

Source: www.globalflamenco.com

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