Miguel Poveda

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Alumbrando: Miguel Poveda

Escrito por: Caty León Publicado en: FlamenCult

Hay un enclave español en el que el flamenco se escribe con mayúsculas. Cuando llega el mes de agosto el aire se torna denso, especial, inenarrable. Las plazas y las calles se dirigen todas al mismo objetivo. El sueño desaparece y es reemplazado por un duermevela constante en el que irrumpen de improviso los sonidos del pasado. Es La Unión. Y es el tiempo del Cante de las Minas.

Fue el polifacético y genial Juanito Valderrama el que vislumbró el secreto que haría grande a esta tierra. El que entendió que, precisamente en sus raíces, estaba la posibilidad de construir su mejor arquitectura. El Cante de las Minas es la copla del trasiego de los arrieros de un lado a otro de la geografía española, de Linares a La Carolina. De Murcia a Mazarrón. De la Unión a Almería. De Concha la Peñaranda a El Rojo el Alpargatero. De La Trini a Pencho Cros. El Cante de las Minas es, en realidad, una gavilla de cantes que se bifurcan y se relacionan entre sí de una manera neutral, sin supremacía alguna.

En ese universo mítico, Miguel Poveda se alzó como gran revelación el agosto de 1993. El año anterior la Lámpara Minera había sido para Jesús Heredia, dignísimo representante de la escuela mairenista, pero ese 1993 se abrió un tiempo nuevo y, como suele suceder cuando es un joven de veinte años el que gana un concurso, las cosas ya nunca fueron igual para el artista. Desde las peñas de la provincia de Barcelona, en las que andaba cantando a partir de que cumplió los quince años, hasta el gran salto de la Lámpara Minera en la catedral del cante, el precioso y complejo edificio del Mercado Modernista de La Unión, una larga andadura tuvo su principio y su continuación. Una andadura fértil, como sabemos.poveda1

Miguel Poveda supo aprovechar ese triunfo. Esto es algo que debe apuntarse en su haber y que no siempre es colofón seguro a un logro. Los flamencos son bastante anárquicos y tienen poca fe en la planificación, en el marketing o en la publicidad. A veces eligen mal a sus representantes o se rodean de personas escasamente profesionales o no encarrilan sus pasos como deben. Grandes voces se han perdido en ese camino azaroso de sobrevivir a un gran éxito. En este sentido, a mí siempre me ha parecido que la trayectoria de Miguel Poveda es absolutamente paralela a la del gran Caracol. Los dos entendieron que ser profesional era algo ineludible después de alcanzar el primer triunfo y los dos supieron dirigir sus carreras al punto exacto. Salvando las distancias de época y de modas, ambos probaron otras esencias y las volcaron en el gran crisol que es el flamenco. Copla, cante con orquesta, actuaciones en grandes escenarios ajenos al propio cante, colaboraciones con artistas de distintos géneros. Los dos representan la supervivencia del flamenco en medio de las otras músicas, demostrando así que él mismo también es música, que se codea con ellas de tú a tú y que, como música, es moderna, es emergente, es clásica y es siempre nueva.

La luz de Poveda, sin embargo, no nace de la propia vida, no se enciende desde la cuna. Caracol formaba parte, pertenecía, a la mayor y mejor saga de artistas que ha dado la historia de las artes. Artistas del baile, del cante, de la guitarra, del toreo, de la poesía. Una saga que parte de muy atrás y que sigue dando sus frutos. En cambio, Poveda es un outsider, un extranjero, un hombre sin nombre, sin precedentes, un hombre solo. En su casa no existían más antecedentes artísticos que el gusto de su madre por la copla. Su formación no se realiza en un hogar flamenco al uso, sino que tira de todos los recursos en su mano. Las grabaciones, sobre todo, en una suerte de aprendizaje que abre una puerta nueva y diferente a todos aquellos que tienen el talento escondido.

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En el panorama flamenco actual Poveda representa la esperanza. Alumbra con sus logros. Recrea con su voz el tiempo viejo y el nuevo. Se atreve con lo más clásico de un arte clásico y se enreda en la copla, como gran aliada del cante, como género hermano, como forma de expresar sentimientos a modo de gran historia cantada. Todos los grandes del flamenco se acercaron a la copla con reverencia y admiraron las maravillosas letras de quienes, grandes poetas, escribieron para las estrellas del género. Esa simbiosis es en Poveda un paisaje natural, no un artificio. Es una isla a la que arriba desde el océano del cante más hondo. Primero, conocimiento. Después, creación. Talento, condiciones, estudio, trabajo, sensibilidad y una línea inteligente en su carrera son las condiciones que hacen de Miguel Poveda una lámpara que nos alumbra.

Copyright del artículo © Catalina León Benitez. Reservados todos los derechos. Copyright de las imágenes (Fotos: Jorge Martín) © MPoveda Producciones, Universal Music Spain. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Me dedico profesionalmente a la educación. Soy profesora de Geografía e Historia, especialista en Arte, y de Orientación Educativa. He ejercido diversos cargos y puestos, desde asesora de formación a directora de instituto. Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, además de artículos en prensa (ABC: 1, 2, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas dirigidas al profesorado y los directivos de centros. En noviembre de 2009 fui galardonada por la Consejería de Educación con la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía.

Mi segunda gran parcela de ocupación es el flamenco. En este sentido he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, cuentos, poemas y una novela inédita Un corazón a la deriva. En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

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Source: www.thecult.es

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