Expresión Artística

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Una expresión artística que va mas allá de su propia música y del país donde ha nacido.

España venía defendido la candidatura del flamenco desde hace décadas, como forma de expresión universal, riqueza de sus cantes y variedad de sus palos que se adecuan a los diferentes estados de ánimo del ser humano. Pero poniendo siempre el acento que, como disciplina, es un arte en constante evolución que no deja de reinventarse

El flamenco inscribió su nombre en la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la UNESCO el 17 de noviembre de 2010.

Era una decisión esperada y clarividente a la que sólo faltaba formalizar su inclusión entre las expresiones artísticas más importantes de los 5 continentes.

El anuncio en este organismo internacional para la educación, la ciencia y la cultura reunida en Naerobi, Kenia no presentó mayor sorpresa entre los participantes y los simpatizantes del flamenco, ante la acumulación de numerosos criterios históricos, sociológicos, culturales y antropológicos.

La UNESCO reconocía así al flamenco entre las manifestaciones más representativas, como un tributo cultural mundial, inmerso en un proceso permanente de renovación conceptual e internacionalización en todas sus facetas.

El impacto creativo es un fiel reflejo de la complejidad, de lo imprevisible de su riqueza y su propuesta susceptible de emocionar a habitantes de todos los hemisferios.

Una de las características que revelan al flamenco frente al folclore tradicional, era la predominancia de la individualidad respecto al colectivo. El ir más allá de la cultura popular y del conjunto de tradiciones y costumbres, con un valor musical y filosófico en su extraordinaria permeabilidad y elasticidad creativa. En definitiva, un género tan ecléctico que ha evolucionado en función de la interacción de su entorno y de su íntima relación con la estructura social que lo predetermina.

El profesionalismo convierte este arte en un producto de consumo, en actividad económica y en fuente de ingresos. La profesionalidad rompe el anonimato con el cante, el baile y el toque como mercancías para la comercialización.

Hay que reconocer que muchos de los iconos culturales españoles de mayor alcance, han tenido a menudo su génesis y su nutriente en Andalucía.

El flamenco es un claro ejemplo, una realidad que marca a un país, le define e identifica como manifestación cultural distintiva, que logra ser exhibido por los escenarios más prestigiosos del mundo.

No hay una programación musical y escénica de calidad, que no integre en alguna ocasión, esta disciplina, que sigue cosechando adeptos sin importar la edad, el perfil social o la consideración académica.

La dimensión existencial que reposa en las músicas, en las letras, y en las coreografías del flamenco, lo convierte en un arte sin fronteras, capaz de conectar emocionalmente con personas por el mero discurso de las emociones humanas. Es aquí, precisamente, donde radica la universalidad de este arte que se trasciende a sí mismo y que incide en otras corrientes musicales dejándose influir por nuevos ritmos y expresiones. Olvidar esta potencialidad es renunciar a uno de las metas de todo ello en un contexto internacional de Entertainment.

El flamenco seduce, es sugestivo y emociona. Traslada como pocas expresiones artísticas, emociones, motivaciones, estímulos y reflexiones que definen nuestra propia existencia.

En este sentido, el fenómeno artístico español que va mas allá de su música y de su país debe ser entendido no sólo como una manifestación de nuestro patrimonio cultural, sino como una prometedora industria cultural capaz de generar riqueza y acrecentar el turismo.

Fuente: Marca España

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