Dani de Morón

Dos climas sonoros superpuestos

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MANUEL MARTÍN MARTÍN | Sevilla
07/02/2018 21:20

Veintiuna ediciones cumple ya el ciclo flamenco de la Junta de Andalucía en Sevilla y la de este año ha comenzado con Duquende, el más fiel receptor del mensaje de Camarón de la Isla, y la guitarra de Dani de Morón, sin duda uno de los instrumentistas más meritorios de su generación, contando ambos con un denominador común, el haber formado parte del grupo de Paco de Lucía, pero también la inclusión de Duquende entre los amigos del ’21’, el estreno que el guitarrista presentó en la Bienal 2016 para su primera ‘Antología del Cante Flamenco del siglo 21’,
Menos mal que el título del concierto, ‘En directo’, ideado probablemente por un lumbreras, aclaraba que la propuesta no era en diferido, algo tan obvio como dudar de si los protagonistas compartieron escenario el pasado mes de junio en el Teatro de la Maestranza, de lo que se colige cómo en Sevilla el exceso de poder es un fin en sí mismo.
En lo puramente artístico hay que resaltar que Duquende ya no cuenta con el potencial canoro y el fuelle respiratorio de sus grabaciones de los noventa, como el homenaje que junto a Tomatito le hizo a Juanito Mojama en 1993, o las de aquel ‘Saramuco’ donde, allá por 2000, aportó un nuevo concepto de soleá (‘Rama nueva’). Pero cuenta, en cambio, con la madurez y conserva lo fundamental, el gustito, a más del sentido de la afinación y el poder absoluto del ritmo, con el que juega a su antojo, a los que se suma una enjundia que, sin confundirla con el grito, le lleva a tonalidades poco acostumbradas en el flamenco tradicional de la Andalucía de tierra adentro.
Con todo, su taranto con cartagenera de presentación, enlazados con la falseta de ‘Ojos verdes’, y su ulterior soleá por bulerías, ya dejaron entrever las particularidades del concierto, tal que la ejecución de un flamenco muy directo y claro, que apunta de forma certera al corazón del receptor, en el que se cuidan muy mucho los colores tonales, que son siempre brillantes y definidos, y donde el sabadellense resalta los agudos en concordancia con sus deidades preferidas.
Estos distintivos bajaron de intensidad en las alegrías con cantiñas, pues se ocultó tras la brillantez de los coros, y, por contraste, subieron en sus lacónicas seguiriyas de sólo dos letras, con las que retoma la intensidad expresiva de una interpretación mucho más asentada y consolidada, o qué decir de la sugeridora interpretación que hizo de la canción ‘Lo bueno y lo malo’, del irrepetible Ray Heredia, dominio que exhibiría, igualmente, por tangos y bulerías, dos cantes en los que Duquende nunca deja indiferente a nadie, ya que refleja de manera muy descriptiva y fidedigna aquellos matices que por naturaleza corresponden al legado camaronero.
En tal sentido, hay que resaltar con nota de excelencia la guitarra de Dani de Morón, que si sorprendió por el impresionismo de su farruca y su espeluznante soleá a ritmo en solitario con un elaborado guiño a Diego del Gastor, cerró el círculo de la noche con un acompañamiento al cante a modo de marcha triunfal -con toda la pomposidad de su poderosa mano izquierda, aunque son los cierres de la derecha los que gozan del entusiasmo del público-, y el poderío de quien puede resolver cualquier encrucijada que se le presente, como la resolución de los tercios sin solución de continuidad del cantaor, o a la hora de buscar el efectismo necesario para que todo sonara en el punto justo de intensidad y no sobrepasar los límites de lo excesivo.
En ese desplegar las distintas atmósferas de los proponentes, atisbamos, por tanto, dos climas distintos que, una vez explotadas todas sus posibilidades, resultaron superpuestos, con mayor preponderancia, sin duda, de la guitarra, que creó un fastuoso ambiente sonoro con inmejorable perspectiva espacial, dando como resultado una perfecta compenetración en un concierto que no me importaría volver a escuchar.

Fuente: https://amp.elmundo.es/andalucia/2018/02/07/5a7b5f9746163f5e068b45ee.html

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